martes, 5 de noviembre de 2013

Agustín Bobo García, fotógrafo: “creo que te conozco solo de verte”

Agustín Bobo García, fotógrafo

 “Estuve al roce de encontrar el ser de una persona”

Agustín Bobo García, un salamantino de 22 años, se define a sí mismo como un “amante de la buena fotografía de reportaje y de viajes, especializado en la Fotografía de calle”. Tras formarse como fotógrafo en la Escuela Superior de Diseño de Vitoria-Gasteiz, este joven emprendedor lleva desde entonces buscándose la vida por las calles, retratando a la gente que se encuentra por el camino, haciendo de un hecho cotidiano una fotografía cargada de sensaciones.
¿Cómo y cuándo empezó en la fotografía?
Empecé en el mundo de la fotografía casi por casualidad. Quería ser ilustrador. Sin embargo, no me cogieron en la Escuela de Ilustración. Gracias a eso y a que mi novia me indujese a ello, empecé poco a poco con el “gusanillo” de la fotografía y hasta hoy.

¿En qué campo de la fotografía se siente más cómodo?
He tratado con varios tipos de fotografía. Al principio empiezas tocando un poco de todo. Mi campo favorito es la arquitectura. Empecé con ella, me gustó y aprendí mucho sobre los mejores arquitectos.

¿Cómo ha influido esto en su forma de trabajar?
Esa admiración por la arquitectura ha influido un poquillo en que me guste el retrato. Pero no como esa idea de retrato de “enseñar algo más”, sino como un retrato alemán; un retrato estructural, en serie, utilizando los mismos planos.
*Nota: con “retrato alemán”, Agustín hace referencia a una tendencia dentro de la fotografía alemana. Cabe citar, pues, al fotógrafo alemán August Sander.

En su galería lo que más abundan son retratos. ¿A qué se debe esa fijación con el rostro?
Siempre han dicho que el rostro es la mirada, una parte de nosotros mismos que nunca llegamos a descifrar. Tengo esa fijación desde que leí a uno de los grandes, Richard Avedon, que decía que hay tres partes en el rostro y son tres planos muy diferenciados: el primer plano, que es el plano físico; el segundo plano, el mental y el tercero, que es el más difícil. Dicen que no existe aunque yo llevo tiempo buscándolo. Es el captar a la persona, el decir “esta persona es así, porque lo he visto”. Hubo un momento de mi vida que dije quiero intentar la búsqueda de “lo que no se ve”.

¿Retratos en color o en blanco y negro?
Depende del tipo de retrato, del tipo de persona y del tipo de trabajo que estés haciendo. He tenido ciertas discusiones por mi tipo de fotografía, de retrato en la calle. La gente piensa que se trata de homeless (mendigos), al estar en blanco y negro. La sociedad lo entiende como una un tipo de artístico-emocional, con esos oscuros, esas sombras y esos planos.
Sin embargo, ahora mismo estoy en el momento de color. Es más natural, más realista. Más de andar por casa.

¿Cómo definiría su trabajo?
Humanístico. Casi sociológico. Es un punto de vista que va unido. Cuando estás captando a personas, quieras o no, estás teniendo en cuenta que la sociología va a aparecer, la economía, la cultura de cada región que visitas, que intentas retratar.

¿Cree que el talento en esto de la fotografía es algo innato o que se puede aprender como tantas otras cosas?
Siempre hay que tener un punto de talento, un algo para hacerte destacar entre los demás, una esencia tuya. Pero en principio el talento se gana con mucho trabajo y mucho esfuerzo.

¿Es difícil abrirse camino y obtener reconocimiento en la fotografía?
Sí, muy difícil. En España no está valorado el trabajo de fotógrafo en sí, sino que para el resto de la gente somos “personas que disparamos botones”.

¿Cuál ha sido la fotografía más especial para usted?
Difícil. Si te refieres a especial hecha por mí, posiblemente sea un retrato que le hice a un lituano hace tiempo. Estuve al roce de encontrar el “ser” de una persona. ¿Sabes esa sensación que sientes  cuando conoces a alguien y piensas “creo que te conozco solo de verte”? Capté eso. Es uno de mis retratos favoritos.

El cadáver de Evelyn McHale – Foto: Robert Wiles
¿Y ajena a su trabajo?
Tengo el recuerdo de una fotografía. Hace tiempo una mujer se lanzó al vacío desde el Empire State de Nueva York y calló sobre un coche. La imagen de esa mujer sobre el coche se quedó grabada en mi cabeza. No parecía que estuviese muerta, sino dormida. De hecho, las propias ondas del coche parecía que hacían el efecto de un velo. Esa sensación de tranquilidad que transmite la foto, de tranquilidad ante la muerte es lo que la hace tan especial para mí y para mucha gente.

¿En qué se inspira para sus fotografías?
Me inspiro en los grandes de la fotografía. Yo tengo un ídolo al que siempre recurro que es Richard Avedon. Fue un retratista que vio algo más en el retrato. No tenía la concepción de “simple figura”, tal y como se tendía a decir. Es una figura humana que, paradójicamente, no es “humana”. Eso de “buscar la esencia” de cada persona me gusta. Ojalá pudiera llegar a ser una décima parte de él.

¿Ha realizado alguna exposición o algún evento últimamente?
Hace poco hice una exposición que tuvo bastante repercusión positiva. También es cierto que hubo malinterpretaciones de la gente hacia mis fotos. Entendían los retratos como fotografías de homeless. Es lo que tiene el blanco y el negro.  

¿Tiene algún proyecto en mente?
Tengo varios en funcionamiento. De hecho estoy haciendo un proyecto de personas de toda España, de humano a humano. De buscar gente que te llame la atención, que merece ser retratada. 




Sumario 1: “el rostro es la mirada”

Sumario 2: “hubo un momento de mi vida que dije: quiero                              intentar la búsqueda de lo que no se ve
Sumario 3: “ahora mismo estoy en el momento de color”






Así se hizo




Alba Ruigómez Ruiz

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