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martes, 3 de diciembre de 2013

El tatuaje: una tradición indocumentada


Tatuar es “dejar huella”


Subtítulo 1) Cuando vamos caminando por la calle no somos conscientes de que mucha gente que camina a nuestro lado tendrá alguna marca en su cuerpo. No nos lo planteamos porque es algo habitual hoy en día. Sin embargo, detrás de esa “marca” hay algo más. Hay una gran historia, hay un pasado, hay un inicio.
Subtítulo 2) “Una imagen dice más que mil palabras”. Lo mismo sucede con un tatuaje. Un dibujo en nuestra piel puede explicar mucho más de nosotros que si lo dijésemos con palabras.
Subtítulo 3) El diccionario de la Real Academia Española define la palabra “tatuar” como la acción de “grabar dibujos en la piel humana, introduciendo materias colorantes bajo la epidermis, por las punzadas o picaduras previamente dispuestas” o la acción de “marcar, dejar huella en alguien o algo”. Y es en esta segunda acepción en la que recae el verdadero sentido de la palabra. En el “dejar huella”.

Dejar huella
Al contrario que la idea extendida de que “un tatuaje tiene que tener un significado”, Alba Castro Samaniego, tatuadora de profesión, ofrece otro punto de vista. Afirma que antes de tatuar procura que sus clientes no den mucho sentido a sus tatuajes. No hay que marcar de forma precipitada un momento de nuestras vidas porque al final se acaba dotando a ese momento de una importancia que realmente no tiene.

Sin embargo, Ibai García Romero cuenta que en la actualidad se tatúa cosas que sean importantes para él. Asegura que “la sensación es distinta”. Explica que cuando te haces un tatuaje al que le das ese valor, sientes una “sensación de paz y alegría”, de haber hecho “algo que tenías que hacer”.


Respecto a la labor que ejerce Alba sobre las personas a las que tatúa, comenta que es algo que ejerce mucha presión sobre ella. “Doy por hecho que cada persona que lleva un tatuaje mío se va a acordar de mí siempre, por el hecho de que yo hice ese tatuaje. Igual que recuerdas cómo te hiciste una cicatriz”, explica.

¿Desde cuándo?

Alba Castro Samaniego y Mikel López de Vicuña, ambos tatuadores de profesión, coinciden al explicar que no existen libros que traten sobre la historia el tatuaje. “Siempre que encuentro alguna librería especializada en arte busco libros de tatuaje y ninguno cuenta gran cosa, la verdad”, afirma Alba.


Sin embargo, podemos hacernos una idea general acerca de la antigüedad de esta práctica. En 1991,  Erika y Helmut Simon, un matrimonio de excursionistas, encontraron el cadáver de un hombre mientras hacían montañismo en los Alpes de Ötztal (Austria). Los forenses que llegaron al lugar tras haber sido avisados certificaron (bautizada como “Hombre del Hielo” u Ötzi) que la momia tendría alrededor de 5.300 años de antigüedad. Pero, ¿qué es lo sorprendente de todo esto? El hombre del Neolítico tenía en su espalda más de 50 marcas que, según expone el diario online ‘Libertad Digital’, correspondían a “articulaciones o zonas con heridas, por lo que se cree que tenían un fin terapéutico”. A pesar de ser empleadas con un fin terapéutico, la práctica del tatuaje se remonta ya al Neolítico.

¿Quiénes?

Varias culturas son las que han empleado los tatuajes con distintas finalidades.  La revista digital ‘Designboom’ ofrece un espacio para hablar de la historia del tatuaje y de las diferentes culturas que lo han practicado. 

Egipto
“Los  registros escritos, los restos físicos y las obras de arte relacionadas con tatuaje egipcio han sido ignorados por los egiptólogos del pasado, influenciados por las actitudes sociales predominantes hacia el tatuaje”. Sin embargo, en el año 1891 un grupo de arqueólogos descubrió los restos momificados de la sacerdotisa Amunet, en Tebas. La antigüedad de este cuerpo femenino se sitúa entre  los años 2160 y 1994 antes de Cristo. La sacerdotisa “tenía tatuados sobre su cuerpo varias líneas y puntos”. Se observó que estas formas componían “patrones geométricos abstractos”,  por lo que fueron identificados a “prácticas rituales”.

Japón
La evidencia más antigua de tatuajes en Japón data del año 3000 a.C. Estas evidencias se traducen en figurillas de barro que fueron halladas en varias tumbas. Las pequeñas esculturas tenían sus rostros grabados a modo de tatuajes. Se cree que las personas que se encontraban dentro de las tumbas tenían el rostro tatuado al igual que las figuras. Por tanto, se determinó que estos amuletos tenían un significado religioso o mágico, puesto que acompañaban a los muertos en su “viaje hacia lo desconocido”. La primera prueba escrita acerca de los tatuajes data del año 297 d.C.

Polinesia
En las culturas del Pacífico, la práctica del tatuaje tiene un gran valor. Además, es considerada la práctica “más compleja y habilidosa de la civilización antigua”. La población polinesia creía que el mana de una persona está expuesto a través de sus tatuajes  (H. Hubert y M. Mauss afirman que el mana no es simplemente una fuerza, un ser.  Es una acción, una cualidad y un estado”, que se relacionan con la magia y la espiritualidad”).
En Samoa, la tradición del tatuaje se aplicaba según el estatus dentro de una misma población. Los jóvenes eran tatuados al inicio de la pubertad y a través de sus tatuajes pasaban a formar parte de la vida adulta.

Documental "La Odisea del tatuaje", con el fotoperiodista Chris Rainier.


Nueva Zelanda
Los tatuajes maoríes son fácilmente reconocibles. La habilidad de sus gentes para tallar la madera eran trasladas a la hora de tatuar sus pieles.
El tatuaje facial era un signo de distinción, que informaba acerca de su estatus su estado, de sus líneas de descendencia y  de las afiliaciones tribales. Asimismo, los tatuajes servían como “marcas de guerra”, una forma de mantener presente el heroísmo de la guerra.

Indonesia
La isla de Borneo es uno de los pocos lugares en el mundo donde se sigue practicando el tatuaje tribal (tal y como lo conocemos en la cultura occidental) como lleva haciéndose desde hace miles de años. Hasta hace poco muchas de las tribus del interior tenían poco contacto con el mundo exterior. Como resultado, se han conservado muchos de los aspectos de su tradicional forma de vida, incluyendo los tatuajes”.

África
Debido al color de la piel, en África los tatuajes no son tal y como estamos acostumbrados a ver. Sin embargo, esto no supone ningún obstáculo para la población africana. “Ellos han desarrollado otra técnica: las escarificaciones”. El diseño de estas marcas sigue normalmente “tradiciones locales”.


Celtas
Los celtas fueron un pueblo nómada que viajó por Europa Occidental en los años 1200 y 700 antes de Cristo. Poco a poco se fueron asentando en las Islas Británicas.
La cultura celta se relaciona con el arte corporal. Entonces, la pintura en el cuerpo se hacía con hierba pastel, dejando dibujos de un tono azulado sobre la piel.
El la forma  del arte celta más común se denomina knotwork. Se trata de un diseño formado por líneas gruesas trenzadas entre sí, que simbolizan “los caminos que sigue la vida”.

México
Cuando Hernán Cortés llegó a la costa de México en 1519 estaban horrorizados al descubrir los tatuajes de los nativos mayas. Identificaban estos a prácticas relacionadas con Satanás.

América del norte
Los escritos de los jesuitas dieron  testimonio de la práctica del tatuaje entre los nativos americanos. La tribu chickasaw empleaba los tatuajes para aquellos guerreros que vencían en las guerras. La tribu de los haudenosaunee utilizaban los dibujos en su piel para establecer jerarquías.
En las regiones árticas de América y Groenlandia, las mujeres el pueblo inuit llevaban sus rostros, como símbolo de estado civil.


Marcado de por vida

Alba Castro Samaniego afirma que para ella sus tatuajes son como “un lunar más”. Forman parte de tu cuerpo y simplemente “están ahí”, añade.

Por otra parte, Mikel López de Vicuña revela que él se hizo un tatuaje a los quince años y que se arrepiente de él. Por ello afirma que “a esas edades nadie debería tatuarse”, porque “todavía no estamos formados”, sino que estamos cambiando continuamente.

“Cuando te haces un tatuaje tienes que estar seguro. Si surgen dudas, mejor esperar”, explica Mikel. Su opinión acerca de la gente dudosa e insegura es que no deberían tatuarse.

Sin embargo, Iratxe Rodríguez Ginés ofrece otro punto de vista, más nostálgico. Para ella los tatuajes de su cuerpo tienen un gran valor. Afirma que estar marcada de por vida es no olvidar. Cree que es una forma de llevar en su piel todo lo que ha vivido.

En su muñeca lleva tatuado su nombre. Parece algo simple pero ella da esta explicación: “Yo tengo que ser yo misma siempre, sino... ¿Qué soy? Pues no soy nada. Por eso me tatué mi nombre. Mis tatuajes me recuerdan lo que he vivido y lo que soy. Eso es estar marcada de por vida”.

Aitor Lafuente comparte este punto de vista. Afirma que “por el simple hecho de hacerte un tatuaje ya tiene una historia”. Ese "me lo hice con, me lo hice cuando estaba estudiando en, me lo hice porque" es lo que realmente da valor a un tatuaje.

Mikel López de Vicuña: “Cuando te haces un tatuaje tienes que estar seguro”

Iratxe Rodríguez Ginés: “Estar marcada de por vida es no olvidar”

Iratxe Rodríguez Ginés: “Mis tatuajes me recuerdan lo que he vivido y lo que soy”


Aitor Lafuente: “Por el simple hecho de hacerte un tatuaje ya tiene una historia”





Alba Ruigómez Ruiz

martes, 5 de noviembre de 2013

Agustín Bobo García, fotógrafo: “creo que te conozco solo de verte”

Agustín Bobo García, fotógrafo

 “Estuve al roce de encontrar el ser de una persona”

Agustín Bobo García, un salamantino de 22 años, se define a sí mismo como un “amante de la buena fotografía de reportaje y de viajes, especializado en la Fotografía de calle”. Tras formarse como fotógrafo en la Escuela Superior de Diseño de Vitoria-Gasteiz, este joven emprendedor lleva desde entonces buscándose la vida por las calles, retratando a la gente que se encuentra por el camino, haciendo de un hecho cotidiano una fotografía cargada de sensaciones.
¿Cómo y cuándo empezó en la fotografía?
Empecé en el mundo de la fotografía casi por casualidad. Quería ser ilustrador. Sin embargo, no me cogieron en la Escuela de Ilustración. Gracias a eso y a que mi novia me indujese a ello, empecé poco a poco con el “gusanillo” de la fotografía y hasta hoy.

¿En qué campo de la fotografía se siente más cómodo?
He tratado con varios tipos de fotografía. Al principio empiezas tocando un poco de todo. Mi campo favorito es la arquitectura. Empecé con ella, me gustó y aprendí mucho sobre los mejores arquitectos.

¿Cómo ha influido esto en su forma de trabajar?
Esa admiración por la arquitectura ha influido un poquillo en que me guste el retrato. Pero no como esa idea de retrato de “enseñar algo más”, sino como un retrato alemán; un retrato estructural, en serie, utilizando los mismos planos.
*Nota: con “retrato alemán”, Agustín hace referencia a una tendencia dentro de la fotografía alemana. Cabe citar, pues, al fotógrafo alemán August Sander.

En su galería lo que más abundan son retratos. ¿A qué se debe esa fijación con el rostro?
Siempre han dicho que el rostro es la mirada, una parte de nosotros mismos que nunca llegamos a descifrar. Tengo esa fijación desde que leí a uno de los grandes, Richard Avedon, que decía que hay tres partes en el rostro y son tres planos muy diferenciados: el primer plano, que es el plano físico; el segundo plano, el mental y el tercero, que es el más difícil. Dicen que no existe aunque yo llevo tiempo buscándolo. Es el captar a la persona, el decir “esta persona es así, porque lo he visto”. Hubo un momento de mi vida que dije quiero intentar la búsqueda de “lo que no se ve”.

¿Retratos en color o en blanco y negro?
Depende del tipo de retrato, del tipo de persona y del tipo de trabajo que estés haciendo. He tenido ciertas discusiones por mi tipo de fotografía, de retrato en la calle. La gente piensa que se trata de homeless (mendigos), al estar en blanco y negro. La sociedad lo entiende como una un tipo de artístico-emocional, con esos oscuros, esas sombras y esos planos.
Sin embargo, ahora mismo estoy en el momento de color. Es más natural, más realista. Más de andar por casa.

¿Cómo definiría su trabajo?
Humanístico. Casi sociológico. Es un punto de vista que va unido. Cuando estás captando a personas, quieras o no, estás teniendo en cuenta que la sociología va a aparecer, la economía, la cultura de cada región que visitas, que intentas retratar.

¿Cree que el talento en esto de la fotografía es algo innato o que se puede aprender como tantas otras cosas?
Siempre hay que tener un punto de talento, un algo para hacerte destacar entre los demás, una esencia tuya. Pero en principio el talento se gana con mucho trabajo y mucho esfuerzo.

¿Es difícil abrirse camino y obtener reconocimiento en la fotografía?
Sí, muy difícil. En España no está valorado el trabajo de fotógrafo en sí, sino que para el resto de la gente somos “personas que disparamos botones”.

¿Cuál ha sido la fotografía más especial para usted?
Difícil. Si te refieres a especial hecha por mí, posiblemente sea un retrato que le hice a un lituano hace tiempo. Estuve al roce de encontrar el “ser” de una persona. ¿Sabes esa sensación que sientes  cuando conoces a alguien y piensas “creo que te conozco solo de verte”? Capté eso. Es uno de mis retratos favoritos.

El cadáver de Evelyn McHale – Foto: Robert Wiles
¿Y ajena a su trabajo?
Tengo el recuerdo de una fotografía. Hace tiempo una mujer se lanzó al vacío desde el Empire State de Nueva York y calló sobre un coche. La imagen de esa mujer sobre el coche se quedó grabada en mi cabeza. No parecía que estuviese muerta, sino dormida. De hecho, las propias ondas del coche parecía que hacían el efecto de un velo. Esa sensación de tranquilidad que transmite la foto, de tranquilidad ante la muerte es lo que la hace tan especial para mí y para mucha gente.

¿En qué se inspira para sus fotografías?
Me inspiro en los grandes de la fotografía. Yo tengo un ídolo al que siempre recurro que es Richard Avedon. Fue un retratista que vio algo más en el retrato. No tenía la concepción de “simple figura”, tal y como se tendía a decir. Es una figura humana que, paradójicamente, no es “humana”. Eso de “buscar la esencia” de cada persona me gusta. Ojalá pudiera llegar a ser una décima parte de él.

¿Ha realizado alguna exposición o algún evento últimamente?
Hace poco hice una exposición que tuvo bastante repercusión positiva. También es cierto que hubo malinterpretaciones de la gente hacia mis fotos. Entendían los retratos como fotografías de homeless. Es lo que tiene el blanco y el negro.  

¿Tiene algún proyecto en mente?
Tengo varios en funcionamiento. De hecho estoy haciendo un proyecto de personas de toda España, de humano a humano. De buscar gente que te llame la atención, que merece ser retratada. 




Sumario 1: “el rostro es la mirada”

Sumario 2: “hubo un momento de mi vida que dije: quiero                              intentar la búsqueda de lo que no se ve
Sumario 3: “ahora mismo estoy en el momento de color”






Así se hizo




Alba Ruigómez Ruiz